conservación

Aunque la industria ballenera no se desarrollo en Uruguay por su alto costo, industriales extranjeros realizaron importantes operaciones balleneras en nuestras costas, actividades bien documentadas en el período 1761- 1920 en los libros de cabina de los barcos estadounidenses.

Las ballenas francas se capturaban cerca de nuestra costa en los meses de setiembre, octubre y noviembre, y más lejos frente a éstas en diciembre y enero.

Un ejemplo de estos documentos fue el hallado en los archivos generales de la nación, Montevideo, escribanía de Gobierno, 1823, carpeta 19, un expediente titulado: Mr. John Upham solicitando la pesca de ballenas en Maldonado al Gobernador portugués de la Cisplatina, Carlos Federico Lecor. Este, en principio negó la solicitud, explicando que en Janeiro, Santa Catalina y Garopaba ya había armazones del estado dedicados a esta pesca, pudiéndose extender hasta este puerto. Upham vuelve a solicitar la pesca, siendo esta vez concedida por dos meses y con una retribución al Estado con la décima parte de la producción. Se desconocen los resultados obtenidos por Upham en estos dos meses permitidos, se sabe sí, que no logró completar bodegas.

Se estima que de un total de 300.000 ejemplares, que habitaban ambos hemisferios antes de la caza, son aproximadamente 8000 los individuos que los habitan actualmente. En 1945 se forma la Comisión Ballenera Internacional (CBI) con el objetivo de establecer una explotación responsable del recurso y darle importancia al asesoramiento científico para lograr dicho objetivo. En 1979 se establece el Santuario ballenero en el océano Índico y el fin de la caza pelágica exceptuando a la ballena Minke. En 1986 se instituye una moratoria ballenera exceptuando la captura aborigen y los permisos de captura científica vinculados con los procedimientos de evolución de stocks. En 1992 se establece el Santuario ballenero del Océano Austral comprendiendo aguas del hemisferio sur entre los 40°S y 60°S, que cubre 50 millones de Km2 alrededor de la Antártida. Se creó para proteger una zona de alimentación crítica para 7 especies de grandes ballenas

La ballena franca austral fue declarada en 1991 en el libro rojo de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) como “vulnerable”, mientras que desde el 1996 está catalogada como especie “dependiente de la conservación”. Asimismo se encuentra en el Apéndice I de CITES (Convención sobre el Tráfico de Fauna y Flora Silvestres) y CMS (Convención de Especies Migratorias).

En la actualidad se estima que solamente quedan 500 individuos de  ballena franca septentrional por lo que su extinción es casi inevitable, mientras que la ballena franca austral parecería estar recuperándose lentamente gracias a los esfuerzos proteccionistas.

¿Como protegemos a las ballenas francas?

Las ballenas tienen un ciclo de vida que abarca grandes extensiones de los océanos, ya que al ser migratorias se alimentan en altas latitudes  y se reproducen y crían en latitudes más bajas y costeras. Así para lograr una conservación efectiva de la especie a nivel mundial hay que realizar esfuerzos de conservación tanto a nivel costero nacional  como a nivel de océanos abiertos, las cuales son áreas internacionales.

A grandes rasgos, la conservación puede ser abordada desde tres áreas: la investigación científica, la educación y la divulgación. La investigación científica por medio del conocimiento de la especie y de la identificación de posibles amenazas es la base para poder desarrollar planes de manejo y medidas de conservación. La divulgación y la educación de los conocimientos adquiridos son fundamentales para crear una conciencia colectiva, y para poder llevar a cabo los planes de conservación. La protección a nivel internacional se logra por medio de leyes internacionales, moratorias y creación de Santuarios balleneros. Así en el hemisferio sur se crearon los Santuarios del Océano Índico y  del Océano Austral y existe  la propuesta de creación de un Santuario en el Atlántico Sur. A nivel nacional se logra a través de la creación  de leyes nacionales y planes de manejo locales.

Por otra parte fue de gran importancia  poder identificar que los cetáceos   pueden ser vistos como recursos para el desarrollo de las comunidades costeras mediante un uso no consuntivo. Así la industria ballenera ha sido sustituida por la industria del avistamiento de ballenas o whale-whatching, industria turística que en la actualidad sustenta muchas poblaciones costeras.   

En los últimos años la Comisión Ballenera Internacional incorpora la tarea de monitoreo y asesoramiento del avistamiento de ballenas para que el nuevo recurso sea realmente sustentable y no se transforme en una nueva amenaza.

Así, mediante la identificación y manejo tanto de las debilidades como de las fortalezas es que la conservación de la especie toma importancia e involucra  a todo el público en general.

Nuestro trabajo en la conservación.

La costa atlántica uruguaya es visitada todos los años por la ballena franca  austral,  por lo que conocerlas y protegerlas es una tarea de todos los uruguayos. La colisión con embarcaciones es uno de los principales problemas que enfrentan estas ballenas, por lo que las zonas portuarias son zonas de riesgo.

El fin del proyecto FRANCAAUSTRAL es recabar   información científica de la especie y así poder  aportar a las autoridades gubernamentales, ONGs. y empresas privadas involucradas en la conservación de la especie.  El proyecto viene trabajando en forma sistemática desde el año 2001  para poder definir el estatus de la población de ballenas francas del Uruguay. Se ha presentado la información obtenida  en congresos científicos, charlas informativas y a través de medios de comunicación.

 Legislación nacional:

En octubre de 1989 se aprueba la Ley 16062, en la que se adhiere la República a la conservación de especies migratorias de animales silvestres.

El 2 de setiembre de 1998 se aprueba el decreto 238/998  para adoptar medidas para la protección y conservación de pinnípedos y cetáceos.

Decreto Nº 261/002. Regúlanse las actividades relacionadas con la observación y el acercamiento a los ejemplares de diferentes especies de ballenas por particulares.

Ley 16320 del 1° de Noviembre de 1992.

Decreto 13/993 del 12 de Enero de 1993.

Fuente: Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA)

Historia

En épocas primitivas los primeros en establecer la persecución y caza de las ballenas fueron los esquimales, lapones y otros pueblos que habitan las zonas cercanas al Círculo Polar Ártico, con fines casi exclusivos para su propia economía y alimentación.

La actividad ballenera con fines comerciales fue iniciada en el siglo XI por los vascos franceses. Ya en el siglo XIV habían alcanzado depuradas técnicas para la caza de la ballena, las que se advierten en el famoso sello de Biarritz de 1351.

Estos pescaban generalmente la ballena vizcaya llamada en vascuence "euskaro baleak", cuando dicha ballena comenzó a escasear en las costas, fue perseguida mar adentro, donde se encontró y empezó a explotar otra similar y más numerosa, la ballena franca, a la que llamaron "sardako baleak". El creciente poderío naval de Inglaterra, y la entrega por parte de Francia a los ingleses de la principal base de operaciones en ultramar de los vascos: Terra Nova, produjeron la decadencia de éstos en la pesca de la ballena.

A mediados de siglo XV los ingleses formaron junto con los rusos la poderosa industria ballenera anglo-moscovita, en su lucha por la supremacía comercial con los daneses, franceses y especialmente holandeses durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Estos ocasionaron grandes matanzas, dando como resultado, que a mediados del siglo XVIII los campos de pesca quedaran desiertos. Agotada la ballena franca boreal como recurso comercial los esfuerzos se orientaron hacia la ballena franca austral.

Por esta razón los armadores comenzaron a enviar sus barcos al Atlántico Sur, como ser las costas de Santa Catarina, la Bahía de Maldonado y Península Valdés en la Patagonia, en donde actualmente, las ballenas francas buscan abrigo en época de reproducción. Estos lugares albergaban por semanas a los balleneros que esperaban la llegada de sus presas.

En Uruguay la explotación de la ballena comenzó a fines de siglo XVIII. En 1789 el Rey Carlos IV formó la Real Compañía Marítima para explotar la industria ballenera y la pesca en todos los mares de dominio español. En 1790 se instaló una sucursal de esta compañía en Punta Ballena y almacenes en Isla de Gorriti, hecho sugerido por Liniers por la abundancia de ballenas en la Bahía de Maldonado.